Desde Asturias con amor

Desde Asturias con amor...

jueves, 5 de marzo de 2015

Gané un viaje a Polonia... ¡Qué suerte!

Escribo por primera vez en este blog, y lo hago para compartir mi viaje exprés a Polonia.
Todo fue un poco precipitado, pues este viaje, lo gane en un concurso organizado por la oficina de turismo de Polonia en Madrid (os invito a que visitéis su web http://www.polonia.travel/es/ donde aparecen muchas noticias y podéis apuntaros a su newsletter, o a seguirlos en las redes sociales, donde podéis encontrar mucha información interesante del destino).

Participé en un concurso organizado conjuntamente con la oficina de turismo y la LOT (aerolínea polaca), y sorprendentemente, me avisaron unos días antes del supuesto viaje de que había sido una de las ganadoras.

El premio consistía en unos vuelos a Varsovia y Cracovia, con la estancia en los hoteles y unas visitas programadas. ¿Parece perfecto no? El único inconveniente es que nos notificaron el nombre de las ganadoras el día 31 de diciembre, y la salida era el día 7 de enero desde Madrid.




Organizándome rápidamente las vacaciones en la oficina y demás compromisos (como cancelar la cita en la peluquería por ejemplo) me puse a buscar el enlace desde Asturias a Madrid, y ahí empezó mi odisea: para la vuelta, no había problema, me cogí un vuelo Madrid – Asturias con Iberia tan ricamente. El problema fue llegar de Asturias a Madrid el día 7 de enero.

Como os imaginaréis, hay mucho asturiano fuera de “la tierrina” que viene a pasar aquí las fiestas navideñas con la familia, y el día 7 se vuelve a su lugar de residencia habitual, ya sea Madrid, u otro lugar del mundo, pero que su vuelo hace escala en Madrid. Claro, cuál fue mi desolación al ver que TODOS los vuelos, y trenes que salían rumbo a Madrid ese día estaban llenos ¡¡Ni una plaza!! Pero por suerte encontré un ALSA, que tardaba la módica cantidad de 7 horas en llegar desde Oviedo a la estación del Sur de Madrid, y que llegaba unas 2 horas y media antes de la salida del vuelo, al que le quedaba una plaza libre.

Con todo conforme, llegó el famoso día 7, y me levanté bien tempranito por la mañana para ir desde Pola de Siero (que es el pueblo donde vivo) a Oviedo, donde cogí el autobús a Madrid de paradas.

Después de muchas horas, viendo una película tras otra, viendo también los montes de la cordillera cantábrica nevados, haciendo “pis-paradas” en León y otros muchos sitios, y oyendo muchos ronquidos (claro, la gente había madrugado mucho para coger el bus), me di cuenta de que apenas acabábamos de entrar en la comunidad de Madrid, y ya casi era la hora a la que supuestamente llegábamos a Madrid.

El tiempo fue pasando, y me fui preocupando cada vez más (lógicamente) pues estaba dándome cuenta de que iba a llegar a Barajas cuando mi vuelo Madrid – Varsovia ya hubiera salido.

Milagrosamente, llegué a la estación Sur, corrí para coger un taxi, y llegué al mostrador de la LOT cuando faltaban 5 minutos para cerrar la facturación (también gracias a mi amigo taxista, que se saltó unos cuantos límites de velocidad para que yo pudiera llegar a tiempo).

Una vez pasado el trámite de la facturación, y el control de seguridad, llegué a la puerta de embarque (previo paso por la cafetería para comprarme un bocata a precio de oro) y conocí a mis dos compañeras de viaje, que también habían ganado el concurso: Vanessa y Julia, que ya estaban preocupadísimas pensando que no llegaba a coger el vuelo.

Volamos Madrid – Varsovia en un avión estupendo, pero como hacía un clima de perros (no sé si os acordaréis, pero este enero fue un mes horrible) se retrasó un poquito la salida, por lo que al llegar a Varsovia, descubrimos que habíamos perdido el Varsovia – Cracovia, ya que nuestro destino final era Cracovia.

La aerolínea se portó muy bien con nosotros y con todos los que habían perdido sus conexiones por culpa del retraso (que éramos unos cuantos), y nos reubicó rápidamente en el siguiente vuelo, que era dos horas más tarde, y nos dio un vale por una cena caliente en el aeropuerto.

Finalmente, tras un día entero (19 horas seguidas) viajando, nos recogieron en el aeropuerto de Cracovia y nos llevaron al hotel GOLDEN TULIP, que está genial en todos los sentidos: está renovado, no es muy grande, está en un edificio antiguo, la decoración y los baños son modernos, y está pegado pegado al parque que antes eran las murallas de la ciudad, con lo cual, está en el absoluto centro de la ciudad y en 5 minutos andando estás en la catedral. Lo único un poco regular era el desayuno: que para mí, que me tomo un café y poco más, estaba bien, pero para quien desayune algo más especial, tal vez se podría quedar escaso.

De Cracovia: qué decir… preciosa. Además estaba nevado cuando fuimos, y todavía no habían retirado la decoración ni el mercadillo navideño, por lo que la ciudad tenía un encanto aún más especial de lo que tiene normalmente. Ese día sólo vimos un poquito (claro, era ya muy tarde, sobre todo para el “horario de vida” que tienen en el país, y hacía muuucho frio para callejear), y nos fuimos a dormir, previo paso por la inmensa bañera del baño de la habitación.

Al día siguiente, tras ponernos un buen par de medias bajo los pantalones, 50 capas de ropa, guantes, bufanda y gorro (incluso Vanessa se puso orejeras debajo del gorro), conocimos a nuestra guía de Cracovia: Margarita (que ella decía que se llamaba Margarita, pero se llamaba Orsha o algo así en realidad), una chica ENCANTADORA, que nos enseñó los encantos de su ciudad; la plaza del mercado (donde estaba instalado el mercadillo navideño) que es la plaza medieval más grande de Europa con la torre del antiguo ayuntamiento, y la Basílica de Santa María, donde llegamos justo a la hora para ver al bombero trompetista que es una tradición desde los tiempos medievales, de la que yo no sabía nada y me resultó curiosísima (esta tradición es la que explica por qué esta basílica tiene dos torres distintas).

Las torres son distintas, porque en la torre más alta, hay desde la época medieval un bombero, que observa la ciudad para asegurarse de que no hay peligros, como incendios ataques desde el exterior… por eso una es más baja, porque si fueran las dos de la misma altura, una taparía la vista de dicho bombero, y no vería parte de la ciudad que vigila.
Este bombero, tocaba la trompeta avisando de los peligros desde la torre, en dirección de cada uno de los puntos cardinales. Esta tradición se ha transformado un poco, pero ha llegado hasta nuestros días. Ahora, el bombero sigue ahí, y cada hora en punto toca su melodía. Si vais a Cracovia, veréis asomar cada hora la campana de una trompeta que toca unas notas desde lo más alto de la ciudad.

Margarita, también nos llevó al edificio de la universidad, a ver el carillón, que representa la historia de la reina polaca que donó a su muerte una gran cantidad de dinero a la universidad de Cracovia, una de las más prestigiosas de Europa (donde estudió nada más y nada menos que Copérnico). Vimos las iglesias de San Pedro y San Pablo, la de San Andrés, los restos de la antigua muralla y las atalayas…

También fuimos por supuesto, a la colina Wawel, con el castillo y la catedral (con sus distintas capillas), el famoso dragón (con susto incorporado mientras sacábamos la foto, ya que se puso a echar fuego por la boca literalmente), y las magníficas vistas de la ciudad desde allí (con la leyenda del monte Krak, que da nombre a la ciudad incluida, una historia tan curiosa como falsa, como la misma guía nos confesó).

Por la noche fuimos al barrio judío, donde nos contó un poco cómo había sido la vida de la comunidad judía de la ciudad a lo largo del tiempo, y la fábrica y las localizaciones de la famosa película la lista de Schindler, película que a mí personalmente me encanta, y que me habré visto mil millones de veces. Pasar por esos lugares me impactó bastante, al verme a mí misma en el lugar que tantas veces he visto. La verdad que me puso los pelos de punta.

Al día siguiente, hicimos la visita que para mí es imprescindible: Auswitch. Bueno… impactante realmente. Nunca nada me había “tocado” tanto. De verdad que no es una visita apta para gente muy sensible. Muchas personas lloramos durante el recorrido. Yo me tuve que salir del crematorio… todo esto a 10 bajo cero, pero con un viento que hacía que pareciesen 20… imaginarse a esa pobre gente, a esas temperaturas, pero con un pijama de rayas y zuecos de madera… la verdad que fue algo que me hizo sentirme muy mal.
Realmente, en el momento lo pasas mal, pero ahora que ya ha pasado el tiempo y el mal trago, me alegro de haber ido. No te lo puedes perder. Es una experiencia inolvidable en la vida, y de verdad que lo recomiendo totalmente. No podemos dejar que se olviden estas cosas.

La visita comienza por el museo del campo de concentración Auswitch 1, y luego te llevan a Auswitch 2 – Birkenau en un autobús, y ves el campo tal como era, y dónde dormían, dónde hacían sus necesidades…
Un detalle  “gracioso” en Auswitch 2, es que al acabar la guerra y variarse el campo, se colocaron unas placas conmemorativas cuyo texto pide que no se olvide lo que allí pasó. Estas placas están escritas en todos los idiomas de las personas que hubo en el campo, está en polaco, en alemán… y una de las placas (creo recordar que era la que estaba la segunda por la izquierda) está en un idioma, que para los españoles resultará muy fácil entender: en sefardí, pues los judíos que fueron expulsados de España en tiempos de los reyes católicos, conservaron el idioma allí donde emigraron, que con el tiempo, ha evolucionado y han cambiado algunas palabras, pero que es totalmente entendible. Si vais por allí os invito a que la busquéis y lo comprobéis por vosotros mismos.

Esa misma noche, nos fuimos de nuevo al aeropuerto para volar a Varsovia. Sé que muchos me dirán que cómo me pude ir de Cracovia sin visitar las minas de sal, y tienen razón, me hubiese encantado ir a verlas, pero no me fue posible porque no tenía más tiempo, así que lo dejaré para la próxima ocasión que visite Polonia, y así tengo una excusa para volverJ.

El vuelo Cracovia – Varsovia fue de nuevo con la LOT en un avión de turbohélice. Mucha gente me comenta que le tiene miedo a estos aviones, pero yo siempre les digo lo mismo: en realidad son más seguros que los otros, porque en caso de avería en los motores, estos aviones pueden planear, y aterrizar sin problemas, los otros sin embargo, se desploman. El inconveniente es que van más despacio, y sobre todo, el ruido, que como te toque junto al motor… te vuelves loco. De cualquier manera, el vuelo fue puntual y todo fue como debería ser.

En Varsovia nos quedamos en el hotel NOVOTEL warsaw centre. Hotel del grupo Accor, que estaba junto al palacio de cultura de la ciudad. Es uno de los rascacielos del skyline varsoviano, en una zona moderna del centro de la capital polaca. Hotel correcto en todos sus servicios, pero sin grandes lujos como se caracteriza la cadena novotel, con un desayuno opcional carísimo que no probé porque como ya os comenté, yo con un café tengo suficiente desayuno, y me fui a la cafetería de al lado a desayunar (si no recuerdo mal el desayuno en el hotel costaba 17 eurazos…).

Por la mañana hicimos la visita de los puntos imprescindibles (plaza del castillo con la Columba de Segismundo, la catedral de San Juan, la ruta real, el salón de Chopin, y su banco, la tumba al soldado desconocido, el museo del alzamiento de Varsovia…) y por la tarde íbamos a visitar el ghetto judío, pero el clima no nos acompañó… y tuvimos que meternos en un museo a pasar la tarde.
Lo bueno de este día, es que conocimos a dos chicos mejicanos con los que hicimos amistad, y esa noche, nos fuimos con ellos a ver el palacio Lazienki (también conocido el palacio sobre el lago) que es precioso. Mereció la pena la caminata que nos pegamos con ese frío para ir a verlo. El mapa nos traicionó, y pensamos que estaba muuuucho más cerca de lo que estaba, pero no obstante, tampoco fue un paseo en balde, pues fuimos por la calle (una avnida muy estilo soviético) en la que están las casas buenas, y nos encontramos con un montón de embajadas extranjeras, cuyos edificios también tenían cierto interés.

Al ver mi viaje desde la distancia, se podría decir que en tres días, vi los tres contrastes del país: por un lado, la parte más medieval y con más encanto, que es Cracovia. Por otro lado, el horror que vivió el país durante la guerra con el campo de concentración, y por último la modernidad y una ciudad cosmopolita con la visita a Varsovia.
Tres experiencias distintas en un mismo país.

La parte más ventajosa de ir a Polonia, es el zloty, su moneda, que nos deja un cambio muy favorable con el euro, y lo amable que es la gente. Yo fui con una idea (claramente un prejuicio injusto) de que la gente sería ruda, con poco nivel adquisitivo… y lo que me encontré, es que son gente muy amable, que si puede pararse a hablar contigo lo hace (de hecho, ya quisiéramos en España hablar inglés como lo hablan en Polonia), que te ayuda en lo que puede, y que sí, que tienen un nivel de vida por debajo del español, pero no hay la pobreza que muchos tenemos en mente cuando hablan del país, simplemente, todo es más barato, y por eso los sueldos son más bajos.

La comida: un poco pesada para mi gusto: mucha sopa y carne de segundo plato con patatas. Pero con ese frío… ¡¡Normal que coman eso!! De hecho nos sorprendió bastante que vimos comer a la gente con voracidad, pero hay muy poca gente con sobrepeso. Algo extraño debe pasar, porque si yo comiese así todos los días… ni os cuento cómo estaría.

Al día siguiente, tras patear un poco más la ciudad, nos cogimos el autobús que te deja a la puerta del aeropuerto. De nuevo volamos con la LOT en vuelo directo destino Madrid.
A la llegada a Barajas, me despedí de quien me acompañó estos días, y me mentalicé para las horitas que me quedaban de escala hasta mi vuelo a Asturias. Aunque se me pasaron bastante rápido, y al final llegué sana y salva de nuevo a casa.


Después de este rollo interminable que os acabo de soltar sobre mi odisea para llegar a Polonia, aprovecho por si la oficina de turismo de Polonia me lee, o lo hace la aerolínea LOT, para darles las gracias por este premio, que me ha encantado, y recomiendo el destino sin dudarlo. Destino al que volveré seguro, ya que con un día en Cracovia, otro de visita en Auswitch, y dos en Varsovia, no es suficiente para conocer un país como Polonia y poder ”tacharlo” en el mapa (obviamente).

Si os ha entrado el gusanillo de viajar a Polonia, también podéis hacerlo!!! Eso sí, en esta ocasión, no será gratis :) Aquí os dejo algunos de nuestros paquetes más exitosos al país del papa Juan Pablo II (que por cierto, son super fans suyos).:

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