Desde Asturias con amor

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miércoles, 10 de febrero de 2016

Viajar a Irlanda en primavera

¿Otra vez a Irlanda? ¡Y las que hagan falta!

Una vez más, me pongo a escribir sobre mis viajes por lo largo y ancho de este mundo. En esta ocasión voy a contar cómo fue el viaje a Irlanda, que hice en abril de 2015. Sí, sé que ya ha llovido bastante desde entonces,
pero entre una cosa y otra, nunca se saca tiempo para escribir unas líneas.


Pues bien, este viaje, fue por trabajo. Fuimos un montón de agentes de viajes invitados por la oficina de turismo tanto en España como en otros países. Había rusos, alemanes, franceses… Y el viaje consistía en un circuito por la república de Irlanda, unas reuniones en Dublín para hacer contactos y negocios con hoteleros, transportistas… y luego unas reuniones en Irlanda del norte con unos días de visitas por el norte de la isla. La verdad que sólo tengo palabras de agradecimiento, y tengo que decir, que las cenas y las fiestas que nos organizaban, era algo fuera de serie (llegamos a tener una cena en la Trinity College, en castillos... en fin espectaculares).


Para ir, los vuelos de vueling desde Asturias a Dublín con escala en Barcelona, nos vinieron que ni pintados, con poca escala, y como no volaba mucha gente, con espacio de sobra en los maleteros para meter el equipaje de mano (cosa que últimamente, escasea). Aterrizamos en la bellísima Dublín, y como es obligado, visitamos la biblioteca del Trinity College, fuimos a ver la fábrica de Guinness con su museo y sus vistas desde el Gravity Bar desde donde se puede ver tooooooda la ciudad (muy recomendable), fuimos a tomar una pinta a temple bar… y también fuimos al cementerio (sí, cementerio) de Glasnevin. Esta visita puede parecer un poco macabra, pero realmente se la quiero recomendar a cualquiera que visite Dublín.


El cementerio es una obra de arte paisajística y hay algunas tumbas y mausoleos que son para llevárselas a un museo, y además, en la visita guiada, la chica te va explicando quienes están enterrados, te explica el significado de las cruces celtas… en fin, que conoces la historia del país a través de sus muertos. No es tétrico para nada, y la verdad que me sorprendió gratamente.

También pasamos por sus puentes, el de Ha’penny bridge (que debe su nombre al precio que costaba cruzarlo), el de Calatrava, que como pasa con muchas de sus construcciones (por ejemplo el palacio de congresos de Oviedo) da miedo utilizar… en este caso, el puente se mueve si hay mucha gente cruzándolo a la vez… ¡Qué confianza!

Como todo buen visitante, también fuimos a ver la catedral de San Patricio, patrón de la isla, las destilerías de whiskey, fuimos al parque fénix, paseamos por la calle O’Conell, vimos las puertas de colores, y fuimos a saludar a la pobre Mollie Malone…


Más tarde, comenzamos la andadura por el país, y visitamos los jardines donde se rodó parte de Las crónicas de Narnia, y también Newgrange. Newgrange es un monumento funerario a pocos kilómetros de Dublín (sí, otra tumba más a parte de las del cementerio) pero esta es completamente diferente, puesto que es bastante más antiguo. Por lo que nos contaron, es más antiguo que las pirámides de Giza, o que el Stonehenge, puesto que tiene más de 5.000 años de antigüedad.

Lo que más me impresionó de este monumento, fue el conocimiento que tenían ya en aquella época de la astronomía, pues juegan con la luz del sol y su movimiento aprovechando los equinoccios como fechas mágicas. Siempre me ha parecido increíble que con la tecnología que tenían, pudieran hacer estas construcciones en las que además, en fechas concretas, había “magia” y se iluminaban u oscurecían completamente por la posición del sol.

Después de las pertinentes reuniones, partimos a Irlanda del norte, donde nos alojamos en un hotel como de película, el Slieve Donard en Newcastle, que es como dormir en un castillo (y sin el cómo, es dormir en un castillo) frente al mar, en un pueblo encantador… en fin, una pasada.

Como siempre, después de las reuniones y los contactos, nos llevaron a conocer la zona. Visitamos por supuesto la imprescindible calzada de los gigantes y el carrick-a-rede, que por muchas veces que lo haya visitado (que ya van 3) no me cansa, y fuimos a ver la nueva atracción de la zona, que es el sendero de los Gobbins.


Esta ruta se encuentra a pocos kilómetros de Belfast, la capital, y la verdad que es algo no apto para cardíacos ni gente con vértigo, puesto que es una ruta que va literalmente colgando entre los acantilados. Esta ruta acaba de re-abrirse, y la verdad, que es una forma fantástica de conocer la costa del norte de Irlanda.

Además, visitamos pueblecitos pesqueros, conocimos su obsesión con juego de tronos, y acabamos en la coqueta Belfast, llena de taxis negros, y con la imprescindible visita al museo del Titanic (también muy interesante). Además hicimos la parada obligatoria en el pub “the Crown” frente al hotel Europa, fuimos a ver el estupendo castillo de Belfast, y disfrutamos de la ciudad, que es preciosa por sí misma, y un paseo es sinónimo de dolor de cuello al día siguiente porque no paras de girar la cabeza para verlo todo.


Esperamos que la oficina de turismo nos vuelva a invitar este año, y poder volver a disfrutar de la isla esmeralda, que tanto nos gusta. Si no, habrá que volver por nuestra cuenta

¿Cómo hacerlo? Pues aquí te propongo varias formas de visitar esta maravilla de destino:

Irlanda en coche de alquiler durmiendo en castillos
Circuito clásico por la república de Irlanda
Visita Irlanda en coche de alquiler
Viajazo por TODAS las islas británicas de 18 días

¡Gracias por leerme! Nos vemos en unos días.