Desde Asturias con amor

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miércoles, 9 de agosto de 2017

Viaje a Colombia: olvídense de los prejuicios


Mientras más de media España está muerta de calor, desde nuestra fresquita Asturias os contaré mi experiencia en Colombia...
El viaje fue ya en Mayo, pero con la temporada alta, no he tenido tiempo a escribir esta entrada.

Antes de nada, agradecer a nuestra oficina en destino (con Dominique al frente) y a Air Europa que me invitasen a este maravilloso viaje.

Como siempre, está el engorro que tenemos los que no vivimos cerca de un aeropuerto grande, de tener que acercarnos a Madrid, aunque en esta ocasión, los horarios del vuelo internacional, me permitieron sacarme un vuelito Asturias - Madrid y ahorrarme el bus o el tren (al menos para la ida).
Así que un "gracias" extra a Air Europa por poner los horarios del Madrid - Bogotá a unas horas que me permitiesen enlazar con Asturias en avión.

Como pasa en muchos países, antes de aterrizar, las azafatas de vuelo te entregan un papelito donde tienes que completar tus datos de pasaporte, el hotel donde te vas a alojar… en fin, la información básica que siempre preguntan. Recordad llevar bolígrafo a bordo.


¡Y empieza el tour!

Llegamos a Bogotá, por la noche y agotados, así que después de pasar la cola de inmigración (sólo hay que hacer cola, entregar tu pasaporte y el papelito para que te sellen el pasaporte), recogimos el equipaje y nos fuimos a cenar a un restaurante maravilloso (de los muchos que se pueden encontrar en Bogotá). Aunque nos fuimos pronto para el hotel a dormir como angelitos, y reponer fuerzas para el viaje que comenzaba al día siguiente.

Al día siguiente, visitamos la hermosísima Bogotá. Lo primero que hicimos fue subir en funicular al cerro de Monserrate, con 3.152 metros de altitud, que ya nos dio una idea de lo que es el mal de altura, pero que ofrece unas vistas de la ciudad increíbles.

También vimos el teatro Colón, la Plaza de Bolívar… e hicimos una visita exprés al museo del oro, parando lógicamente a comprar hormigas fritas a una de las muchas vendedoras ambulantes (que a mí en concreto no me gustaron nada por cierto).


Y tras esta visita rápida de la capital, el día siguiente pusimos rumbo a Zipaquirá, lugar donde se visita la catedral de sal dentro de la mina, que nos dejó a todos sin palabras. Es increíble cómo se puede excavar en la tierra y hacer una verdadera catedral con cúpulas de tanta altura.


Tras visitar la mina, nos fuimos a la Villa de Leyva, parando antes en donde se libró la batalla que hizo que el imperio Español de 1819 perdiera Colombia. Allí el guía nos contó cómo fue la batalla y nos quedamos sorprendidos de que en un lugar tan sencillo pudiera producirse un acontecimiento tan importante para la historia.

Y por fin llegamos a villa de Leyva, que es un pueblo encantador, todo empedrado y con una plaza enorme. El pueblo está lleno de niños con su uniforme del colegio, y es un lugar muy tranquilo y acogedor.
También visitamos el monasterio del Santo Ecce Homo (que no es famoso por lo mismo que el de Borja, sino por estar bien conservado), y también fuimos al museo del fósil del Cronosaurio (un reptil marino de la época de los dinosaurios que nos dejó con la boca abierta, tanto por su tamaño como por su conservación) allí un científico inglés que parecía Indiana Jones por su vestimenta, nos explicó y nos dio datos muy interesantes de la época de los dinosaurios.

 

Después de comer en un restaurante con las mejores vistas que yo haya visto nunca, nos encaminamos hasta Armenia, y no me refiero al país de Asia central no, me refiero a la población que está en el corazón de Colombia, en la zona cafetera del Quindío, visitando también el pueblito de Salento, que también resultó muy acogedor, y haciendo parada en el valle del Cócora, donde vimos las impresionantes palmeras de cera (capaces de crecer hasta 80 metros en una altitud de 3.000m) y tuvimos ocasión de plantar una nueva palmera.


El 6º día, estaba pensado ir de Armenia a Medellín, parando en el hermoso pueblo de Jardín, pero por desgracia, había llovido mucho y no pudimos hacer este trayecto por carretera, por lo que cogimos un pequeño avión que hace esta ruta doméstica, y nos perdimos el pueblito de Jardín (no pasa nada, la próxima vez será).


Llegamos a Medellín, donde volvimos a cenar en uno de los excelentes restaurantes colombianos, y nos fuimos a descansar en un hotel situado en una de las mejores zonas de la ciudad.

La visita de Medellín fue de las que más me gustó. La ciudad no era para nada lo que me esperaba. Como era domingo, al salir del hotel vimos un mercadillo de frutas y productos naturales, donde compramos algunas frutas exóticas de nombres impronunciables y unos zumos exquisitos y nos fuimos a ver la ciudad. El parque de las esculturas, está lleno de obras de Botero (originario de allí), y el paseo es maravilloso, totalmente alejado de lo que creemos los europeos por ver series como “narcos” o “el chapo”.


Visitamos también el “pueblito Paisa” que a mí sinceramente me decepcionó un poquito ya que me pareció un poco el típico lugar para llevar a los turistas (aunque es precioso, sin duda) y prefería haber aprovechado más el tiempo en la ciudad, comprando frutas extrañas en los puestos ambulantes.


La visita de Medellín, la coronamos con una de las cosas que más disfruté del viaje (a pesar de que empezó a llover fuertemente), y es que fuimos en el teleférico (que no es un funicular para turistas, sino que forma parte de la red del metro, pero al estar la ciudad asentada sobre colinas, el metro no lo podían hacer que subiera y bajara colinas, por lo que se hizo un funicular y es muy muy muy barato, ya que es el transporte público que utilizan los habitantes de la ciudad). Fuimos a la comuna 13, que fue uno de los lugares más importantes en Medellín dado que es el lugar donde la población dijo “basta” al dominio y terror de los narcotraficantes como Pablo Escobar.


La visita guiada la hizo un chico de la propia comuna, que participa en un programa en el que intentan que los chicos jóvenes no entren en el mundo de la droga, y en el que les enseñan distintas artes (baile, música…). Uno de ellos es el arte de hacer grafitis, y son grandísimos artistas que hacen murales realmente impresionantes. Esta parte de la ciudad, es muy pobre, pero los grafitis de estos chavales, alegran un poco las calles, haciendo que no parezca que tienen tanta miseria.

Dejamos atrás Medellín, y nos fuimos a Guatapé, un pueblo muy muy pintoresco lleno de color, donde las casas tienen unos zócalos decorativos de colores representando escenas del lugar. También es dónde está la piedra del Peñol, que se encuentra sobre un embalse con unas vistas que dejan sin aliento.




Después de Guatapé, nos encaminamos ya hasta el último punto del viaje: Cartagena de Indias. Uno de los lugares más famosos del país, que a mí sin embargo me pareció que era como si fuera otro país. Y explico por qué:

Lo primero que ves, es que la raza no es la misma, pues en la parte interior del país, los rasgos son indígenas, y en Cartagena son de raza negra (lógicamente, pues durante la época española en el país, éste era un gran puerto de comercio de esclavos africanos), pero también se nota en su forma de hablar y actuar. Tienen un acento caribeño que antes dirías que son cubanos que colombianos, y su carácter recuerda más al cubano que al de los colombianos que conocimos en el interior.

El calor, no impidió que disfrutásemos de la historia, representada por el castillo de San Felipe, que protegió durante años la ciudad de los ataques piratas, y donde el conocido Blas de Lezo defendió la ciudad ante los ingleses. Visitamos también una de las preciosas islas del Rosario, en un paseo en lancha rápida muy relajante.

No visitéis Colombia si no queréis probar frutas de sabor apabullante, ni el típico ajiaco, ni las arepas, ni la descomunal bandeja paisa, ni el pescado con patacones. Si no quieren ver un país con gentes acogedoras. Si no quieren ver un país con mucha riqueza en monumentos y un contraste entre la historia precolombina y la moderna muy fuerte. Si no desean ver como un país hace un esfuerzo conjunto para mejorar y convertirse en un país del primer mundo… Estos son unos buenos motivos para NO visitar Colombia.

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Dejad los prejuicios en casa, y a volar!!


Y por úlimo: ¡¡VIVE COLOMBIA!!